Por Víctor Silva Gallardo

Chile cambió”, “No queremos lo mismo”, “Hasta que la dignidad se haga costumbre” y tantas otras consignas válidas e inspiradoras demostraron que, desde el 18 de octubre del 2019, y antes que la pandemia del Covid-19 cambiara nuestras vidas, el país viviría un proceso transformador, tan necesario como esperado producto del Poder Constituyente nacido en cabildos autoconvocados con la esperanza de construir una fórmula u hoja de ruta que subsane las desigualdades y deficiencias estructurales de un Chile que el 88, cuando decidió poner fin a la Dictadura, se preocupó de recuperar la democracia y se olvidó de generar las condiciones de equilibrio e igualdad en el país del 90 en adelante.

El Proceso Constituyente es histórico porque serán convencionales electos/as por nosotros/as, en condiciones de paridad y con presencia de Pueblos Originarios. Pero un antecedente no menor es el que surgió a propósito de los resultados del Barómetro Regional elaborado por el Instituto de Políticas Públicas de la UCN presentado a la comunidad: a la pregunta ¿Por qué candidato/a constituyente votará? el 51% de los encuestados dice no saber quiénes son los postulantes a la convención, un 26% no sabe o no responde la consulta y un 14% mencionó espontáneamente algún nombre.

Sobre el 14% es importante destacar que, de ese universo, quienes encabezan las preferencias son la científica e investigadora Cristina Dorador, la activista feminista de la Coordinadora 8M Dayana González y Vianney Sierralta, primera abogada de la comunidad sorda en Chile. Mujeres de vasta trayectoria, independientes y que surgen de la sociedad civil organizada.

La investigadora Cristina Dorador

Lo sorprendente, y preocupante, es que haya un universo tan grande de personas que no sepa por qué candidatura inclinará su voto, o sea, queremos cambiarlo todo, pero no buscamos a quienes puedan representar nuestras ideas de justicia social, defensa ambiental y de recursos naturales, dignidad en la vivienda, cambios en nuestro sistema de salud, educación, modelo extractivista y la construcción de un catálogo de derechos garantizados en la Constituyente.

Unos votarán por personas sin historia político partidista, por quienes defendieron el “Apruebo” o para que se escuchen esas voces silenciadas por décadas. Otro grupo querrá que el “Rechazo”, que se resistía a los cambios por la vía constitucional, sea parte y -al menos- asegure quórum para impedir lo que -a su ideología- no le conviene. Lo bueno de la democracia es que los acuerdos son para respetarlos y así, empezar a formar el Chile que queremos. Infórmese.

Un dato que debe provocar vergüenza es que algunos/as candidatos/as ofrecen a la ciudadanía programas vacíos, sin contenido y deficientes de 1 hoja inclusive publicados ante el SERVEL, candidaturas “patrocinadas” por personas vinculadas a grupos de interés económico o político y lo dispar de la cancha para los independientes, por ejemplo, en la franja televisiva. Capítulo aparte merecen los/las que se aprovechan de la pandemia para decir que a la gente no le importa el proceso: subestimar a la población no es bueno.

De momento, y hasta que se realicen las Elecciones en medio de la nueva ola del Covid-19 -y lo reitero-, cumpla con informarse y salga de ese del 51%, no espere que la Constitución la redacte cualquiera y ni piense que esto no es importante. La historia debemos escribirla todos, todas y todes.

Víctor Silva Gallardo

Líder social «No Más Quemas»