Por Asterisco

Tengo un amigo en la intendencia. 

-Yo tengo uno en la municipalidad. 

– Mi amigo me pasa datos de licitaciones. 

– Mi amigo es igual de generoso.

– A veces nos vamos fisti fisti. 

– Idem.

– 30 a 70.

– 50 a 50.

– Gracias a él tengo dos casas y una en la playa, en Hornitos. 

– Yo tengo una en Punta Itata, varios autos y un night Club. 

– A tu amigo, el poderoso, deben gustarle los night club. 

– Sí. Hay que invitarlo de vez en cuando con barra libre.

La información privilegiada en las licitaciones es más vieja que el hilo negro en Chile, en la región, en las comunas y en Antofagasta. Imagínese antes de la Ley de Transparencia, como se filtraba el billete del gobierno. Un chorreo que hasta servía para financiar campañas políticas. 

Pero volvamos al presente. Y a Antofagasta. 

La generosidad del amigo del colegio, o de la vida, no es gratuita. Podría decirse que si gana uno, ganan los dos, o los tres. Doble fifo. O triple fifo. Por esto no fue extraño que una investigación periodística, de las buenas, diera a conocer el tráfico de influencias que hubo a la hora de contratar empresas por trato directo para enfrentar la pandemia Covid. Es decir, el Covid fue una bendición para algún bribón. 

No tengo la costumbre de dar nombres en estas columnas, pero crestas que es importante ser amigo de un intendente. En este caso el ex intendente con la cara de menso o la cara de nada. Las fotos hablaron por si solas. Vínculos de amistad había entre el ex intendente con este personaje, medio galán latino de cabaret de Miami, que consiguió contratos por alrededor de mil 600 millones gracias al Covid. Bendito Covid.  

Sabemos la versatilidad de algunos empresarios, pero este galán latino de cabaret se las trae. Sin duda, fue el más rápido del desierto como Sundance Kids -quien asaltó trenes en la pampa a finales de siglo XIX-. En dos semanas, o menos quizás, nuestro cabaretero formó su empresa de Limpieza Industrial para vender al gobierno regional, financiado con impuestos de todos nosotros y nosotras, mascarillas para el Covid. Sin prejuicios, el cabaretero tendría un olfato único para los negocios. Un capo. Un crack. Un Digno del lobo de Wall Street. Pero, claro. Las fotos los delatan. 

Sabía acaso el cabaretero la posibilidad de una licitación multimillonaria para cambiar de rubro tan velozmente? 

Para el mundo de los negocios truchos, estos tipos son dos genios. Unos cracks. A estas alturas no devolverán la plata. Debe estar todo armadito. Bien hecho, para que pasara piola, como siempre. 

Por esto es bueno que de vez en cuando aparezca periodismo serio en la ciudad, y no complaciente, y de a conocer estas trucherías. No nos pueden seguir viendo la cara de huevones y huevonas.