El nuevo tipo de ráfaga de electrones es, en esencia, un nuevo comportamiento que adoptan los rayos al salir del Sistema Solar. El gigantesco Sol emana radiación y expulsa electrones continuamente, especialmente cuando hay actividad y explosiones en la estrella. Esta radiación la tenemos bien estudiada en el Sistema Solar y sabemos cómo funciona, pero fuera de la influencia del Sol las cosas cambian.

Según la investigación, los electrones que salen de estas explosiones viajan a casi la velocidad de la luz, unas 670 veces más rápido que las ondas de choque que las empujaron inicialmente. Las ráfagas fueron seguidas por oscilaciones de ondas de plasma, que los investigadores dicen que son causadas por electrones de baja energía que llegan a los instrumentos a bordo de la nave espacial Voyager días después. En algunos casos, la onda de choque en sí llegó hasta un mes después de las explosiones.

Lo interesante aquí es el comportamiento que tienen las ondas de choque al contactar por primera vez con el campo magnético interestelar y sin la influencia del Sol. Dicen que cuando esto ocurre «refleja y acelera algunos de los electrones de los rayos cósmicos». Creen que estos electrones en se reflejan en un campo magnético reforzado en el borde de la onda de choque y posteriormente son acelerados por el movimiento de la onda de choque. Esto crea una especie de aceleración continua que hace que vayan ganando velocidad.

La idea de que las ondas de choque aceleren partículas no es una novedad, pero sí el poder detectarlo en un entorno interestelar y sin influencia del Sol. Los científicos dicen que el descubrimiento podría ayudar a mejorar nuestra comprensión de la dinámica de las ondas de choque y la radiación cósmica que se originan en estrellas.

Las Voyager no están pasando por su mejor momento. Con más de 40 años de antigüedad, aún conservan energías para seguir transmitiendo información. Información que llega con una latencia de 17 horas al encontrarse tan lejos que ni a la velocidad de la luz tendríamos la información al instante. Y, aún así, siguen dando sorpresas.

Por Cristian Rus