Por Rodrigo Ramos Bañados

Meses caminando. Semanas caminando. Días caminando. Horas caminando. La caminata partió en el trópico. En el Caribe. Con calor. Con mosquitos. Con sudor. La caminata culebreó. Siguió.  Con hambre. Con maltratos. Con peligros. Un coyote los botó detrás de Los Andes. Al otro lado de la montaña. El sueño. La posibilidad. El dinero. El amor. La tranquilidad. El cambio. El destino. La eternidad. Todos los sinónimos de esperanza son aplicables. Y así lo repiten como mantra quienes caminan desde Caracas hasta Los Andes. 

El optimismo y la fantasía son la energía del caminante. Ni siquiera el hambre, sino que el optimismo. Van Crédulos. Inquebrantables. Ciegos. La puna ahoga. El frío carcome. La peste inquieta. Siguen. No miran atrás. Siguen. Cualquier cosa es mejor a lo que dejaron. Cualquier cosa, a fin de cuentas. Y a pesar de todas sus inequidades e injusticias, Chile parece un buen lugar para vivir. Los pueblos con la bandera chilena van surgiendo pequeños, inhóspitos. Las miradas son hostiles. Algún camionero les tendrá compasión y los dejará cerca de una comisaría. Firmarán unos papeles. Chile se abre como el hocico de un cocodrilo.

La cuarentena será en una escuela o un estadio. En Iquique. Luego la libertad. Accederán a una vivienda de madera terciada en el último lugar del último campamento, en la periferia donde el horizonte será desierto. Se colgarán al cable eléctrico. Cargarán el celular. La municipalidad les dará agua. Podrán ir al consultorio. Conseguirán un trabajo, precario. Repartirán comida sobre una moto chillona. Repartirán sexo. Cargarán en la Zofri. Venderán arepas. Cortarán el pelo. Arreglarán las uñas. En medio serán criticados. Discriminados. Vistos como bichos raros. Les dirán que se regresen. Que aquí, quitan el trabajo. Que traen malas costumbres. Que son ruidos. Qué por su culpa, la bandera chilena tendrá una franja amarilla como un plátano.

De 200, al menos uno saldrá rápido por lo que entendemos por pobreza en Chile, pobreza de campamento.

Proyectan que sus hijos e hijas serán chilenos o chilenas, y podrán optar a todos los beneficios del país. Beneficios imaginarios que se fueron activando con el dínamo de la caminata. Porque Chile no es Perú, ni Bolivia ni Argentina. Chile es un país estable. En Chile se puede trabajar tranquilo. En Chile el que quiere gana dinero. Chile es un estado no reconocido de EE.UU. En Chile las jubilaciones son buenas. En Chile siempre hay comida. En Chile te respetarán como trabajador. Chile nunca llegará el socialismo. La fantasía del caminante es inquebrantable, aún cuando los años pasen cargando el celular en el último campamento del fin del mundo.