¿Qué tenían en común Ernesto Rodríguez, Sergio Gaytán, Floreal Recabarren, Silvia Pérez, María Elcira, Angel Lattus, Juan Luis Castillo, Mario Villablanca y un gran porcentaje de antofagastinos y pampinos nacidos antes de 1970? Todos fueron niños momias o enlulados.

El lulo era una venda o pañal con la cual se forraba como paquete durante la noche el cuerpo de los bebés dejando sólo el rostro descubierto. La imagen es de una momia. Los bebés quedaban inmovilizados, como palos. Una pulga dentro del lulo podía ser terrible. El desaparecido historiador Floreal Recabarren recordaba que algunos niños lloraban durante toda la noche.

La excusa para esta práctica antinatural en la época de los pañales desechables, según la tradición, era enderezar la columna de los niños. “Aquí en el norte y Antofagasta hubo un enlulamiento general. Yo nací los años 1927 y fui elulado. Mi hermana nació 15 años después y también la elularon. Había tradiciones terribles en esa época, además del lulo, la mujer no se bañaba después de cuarenta días después del parto o la marca roja en el vestuario de los niños con el fin de que no le hicieran ojo”, contó Recabarren.

“Recuerdo que envolvían a la guagua con los pañales y uno quedaba totalmente erecto, derecho. Te ponían los pies rectos junto con las manos. Uno verdaderamente parecía una momia. La idea era mantener la columna recta, no obstante supongo que al otro día uno amanecía meado y hasta con caca”, afirmó hace algunos el ya fallecido ensayista Sergio Gaytán. “Con el lulo se evitaba que las guaguas crecieran con las piernas chuecas. La solución era amarrar a la guagua. Uno pasaba amarrado todo el primer año de su vida. Era todos los días y de manera sistemática”, agregó el historiador Mario Villablanca.

“A los niños se los elulaba con la idea mantenerles el cuerpo recto. Yo lo hice con mi hija mayor, siguiendo la tradición de lo que mis padres hicieron conmigo y mis abuelos a mis padres”, afirmó Silvia Pérez de 81 años.

Como todos, la hija de Silvia Pérez, también de nombre Silvia, no se acuerda que fue elulada. “No podría decir que esto me trajo o no, una secuela”, aclaró.

Tortura

Más contemporáneo es el caso del periodista Juan Luis Castillo Yupanqui (Tirilla) y su familia. Todos nacidos y criados en María Elena, a mediados de los años 60. “Yo y mis hermanos fuimos elulados por una tradición familiar, y al final todos salimos bastante inquietos ¿No sé si fue por efecto del lulo?”.

“Si uno observa desde ahora el tema, el lulo puede ser considerado como una tortura infantil. En mi caso y como secuela puedo decir que no me gustan los espacios pequeños, los evito. Creo que esto puede ser un efecto de estar amarrado en mi niñez”.

Castillo recordó que antes, no había mucho respeto por la infancia, lo que se puede graficar en castigos tan duros como éste que nos contaba mi madre: “cuando alguien se hacía pichi le quemaban el poto o también estaba el encierro en una pieza oscura. Creo que al final todas estas situaciones marcan la personalidad de las personas”, dijo.

El sociólogo de la Universidad del Mar, Ernesto Rodríguez, criado en la oficina Coya Sur, dijo que el lulo es derechamente una tortura infantil. “No se puede ver de otro modo”.

El médico Daniel Lattus –hijo del actor Angel, que también fue enlulado- dijo que en lo que respecta posibles secuelas producto de esta costumbre podríamos nombrar: las músculo esqueléticas producto de la inmovilidad prolongada, atrofia e hipotrofia de la musculatura de las extremidades, displasia de cadera y consecuente retraso en conseguir las metas en el desarrollo psicomotor del infante.

machismo

Para Ernesto Rodríguez, la costumbre del lulo se explica que en los años del lulo –antes de 1960- no se había avanzado mucho en el tema de la niñez, pues se veía como una reproducción de lo que era el adulto, y por ende no era un sujeto con espacios ni procesos distintos. Es así como al niño se le sometía al control, pues era muy movedizo.

Agregó que otro elemento es que el niño llega a una sociedad patriarcal y machista, donde es considerado como un personaje que se mete en muchos peligros, por ende es necesario controlarlo. “En este contexto la responsabilidad con los niños era exclusivamente de la mujer. Ella paría y a ella se le morían los hijos. Por lo tanto la mujer tenía que criar, y ella nos arropaba y cuidaba. Ella era la responsable de los accidentes de los niños. En la pampa los practicantes tenían que resolver, además de los accidentes laborales, los accidentes caseros como jarrazos y quemaduras con agua caliente. Ante este panorama la mujer tenía que controlar: te elulaban durante la noche y te metían en un corral durante el día”.

Otro elemento que agregó Rodríguez relacionado con pampa salitrera, era la gran mortalidad infantil. “Los niños y niñas eran una gran responsabilidad para la mujer, quien estaba en la casa. Los niños eran vulnerables, de ahí también que explique el hecho de elular o fajar. Las mantillas debían ser lavadas a diario y recuerdo que la caca era sacada con cuchara. Por ejemplo en la pampa había madres que paseaban sus guaguas muy abrigadas con chal a mediodía en medio de un infernal calor”.

Dado que la mujer era dueña de casa, los niños pasaban el día en un corral, en una “suerte de cárcel portátil”. “Todo esto fue reemplazado con el tiempo, a través de la radio y televisión, y ahora con el computador en la era digital. Los mecanismos de simbolización están instalados allí. Con el tiempo se cambiaron los hábitos. A este proceso muchos lo ven como liberación y otros, en cambio, como degradación o descomposición”.

Pañales

Rodríguez explicó que los niños se movieron más tranquilos a partir de la década del 60, con toda una serie de cambios en la sociedad. Los pañales desechables llegaron bien entrados los años 70, y con ellos los niños pudieron moverse tranquilos.

Dijo que la mujer desde los 60 en adelante aprendió de psicomotricidad infantil y las enfermedades relacionadas y con esto, se perdió el miedo a que el niño se movilicen con libertad.

Palabra lulo
La palabra lulo no está clasificada dentro del diccionario de la Real Academia de la Lengua. Según el diccionario lulo es un fruto. 
La tradición oral indica que esta “momificación nocturna de los niños de épocas pasadas”, se le conoce como lulo, enlulo, y la acción es: enlular y alular. La mayoría de los entrevistados de este reportaje hablaron de lulo y enlular. Sólo Floreal Recabarren optó por alular y no enlular.