Montajes que revelaron los estrechos lazos en los medios informativos y los organismos de seguridad post golpe de Estado.

El paso del tiempo tiende a relativizar o lisa y llanamente a olvidar. Después de más de 40 años  hay una tendencia echar tierra en el pozo; a veces con pala y otras con manito de gato. Por esto es trascendental la memoria en una ciudad donde sólo parece importar los vaivenes del precio del cobre y sonreírle a la minería.  El Mercurio de Antofagasta,  la denominada “prensa oficial”, fue partícipe de grandes campañas en los años 50 y 60 por el bien común de los antofagastinos. Entre ellas, la campaña contra el arsénico en el agua. Pero también la empresa ubicada en calle Matta, que hoy edita El Mercurio de Antofagasta y La Estrella, tuvo un período oscuro, especialmente en los días posteriores al golpe de Estado de 1973, según los entrevistados en este reportaje.

El periodista Osman Cortés Argandoña, autor del libro “El Mundo está cambiando”, rememora la situación de la prensa local en los meses previos al golpe de Estado. Recuerda que el dominio de la empresa El Mercurio era ostensible con el diario de la mañana del mismo nombre y La Estrella del Norte, que cubría las mismas noticias, pero de manera más personalizada.

La excepción para Cortés, la marcaba el diario «El Popular» del Partido Comunista que, con reducido presupuesto, cubría las informaciones de intendencia y municipio, aprovechando las militancias del partido del intendente y alcalde. Era un diario con pocas fotografías por el sistema de impresión y pocas páginas por su escaso  personal.

La Universidad del Norte, por su parte, editaba un semanario «Vanguardia»  que se imprimía en la imprenta del PC en calle Covadonga. Era la misma prensa que empleó Luis Emilio Recabarren. Su contenido era de compromiso con los problemas del pueblo y su unión con la causa universitaria. Lo editaba la Dirección de Extensión y Comunicaciones con la redacción de Manuel Vega Olivares y el mismo Cortés Argandoña.