Son contados con los dedos los textos, ya sean en narrativa y poesía, que hacen referencia a Tocopilla. Quizás el más conocido sea La Danza de la Realidad de uno de los tocopillanos más célebres, Alejandro Jodorowsky.

Cristhian Castillo Pérez no se ha mudado de Tocopilla, desde que llegó al mundo. Escribe desde siempre. Lee. Su otra pasión es el rock. La mezcla de literatura, rock y Tocopilla puede leerse en el cuento “Rincón del Diablo”, que aparece en la antología “We Rock: ocho historias rápidas y pesadas” publicada por Ediciones B y Radio Futuro. Castillo Pérez también fue finalista del concurso de cuentos Paula, con el cuento de Redes y Enredos. Ha publicado 2 relatos en los Libros TocoCuentos 11 y 12, en referencia a la recuperación del patrimonio histórico de la ciudad de Tocopilla. Logia “Unión y Esfuerzo” N°85, escrito a dos manos con Damir Galaz Mandakovic Fernández, y Circulo Femenino de Tocopilla, los primeros años (1945 – 1949).

El autor está próximo a publicar su primer libro de cuentos. El volumen se llama “Rincón del Diablo”. Son cuentos breves y otros más extensos; todos localizados en Tocopilla.

Aquí les presentamos tres cuentos.

De los calamorros a las Converse

Cuando conoció al escritorcito, no lo hizo en el “Café del Centro”, en la ciudad de Antofagasta, con todo ese cúmulo de medallas y trofeos colgando del cuello y bajo el brazo, si no que en Tocopilla, con la Reina Isabel calientita, recién saliendo del horno, cuando Brando Taberna recorría todos y cada uno de los peladeros del Norte Grande y no el mundo.

Desencuentros

Desde hace un par de años que no lo veía. No es que me importara. Nunca habíamos sido amigos. Alguna vez, durante un corto tiempo, compartimos oficina y trabajo hasta que fui trasladado a otra área dentro de la empresa. Donde comencé a topármelo cada vez menos hasta perderle completamente la pista.  Cuando volví a escuchar algo sobre su persona, me enteré que había renunciado a su cargo, tal como alguna vez me lo comentó, para irse a trabajar a la capital. Y aunque en un principio dudé si acercarme o no, al final las rencillas del pasado quedaron en el pasado. Y en un arranque de sentimentalismo barato me acerqué a saludarlo. Cuando sellamos nuestra despedida con un fuerte apretón de manos y con los números telefónicos registrados en cada uno de nuestros celulares, descubrí que el tipo seguía siendo el mismo arribista y clasista  de siempre. Y Seguramente para él, yo continuaba siendo el mismo mediocre que conoció años atrás, cuando durante un corto tiempo compartimos oficina y trabajo.

Alejandro Jodorowsky

A don Luis Anabalón, que tuvo el placer de  conocer  a   Alejandro Jodorowsky antes que se convirtiera en ícono pop.

Expelía tal fulgor su cuerpo, contaba el viejo en delirio, que no se le podía mirar sin dejar de hacerse sombra con una mano en la cara. Y que el psicomago no caminaba si no que levitaba tras los anaqueles de su librería, desplazándose de un sitio a otro en busca quizás de qué libro de magia blanca.